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NotaPublicado: 05 Ago 2011 13:20 
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Saludos cordiales, cuelgo otro relato más, para ir llenado este hilo "a ver si ne animan los demás maestros"..., espero que guste.



[align=center]EL LINCE[/align]


[align=justify]No fue fácil, todo era confusión, disparos, y gritos. Nadie sabía con certeza que había pasado, y todo el mundo permanecía parapetado tras los vehículos. Las balas silbaban por doquier, y entre el calor, el polvo, el sudor, y el temor no había forma de poder serenarse un segundo.

El Sargento 1º Piquer levantó la cabeza del suelo, donde permanecía agachado, al parar su vehículo y saltar al suelo cuando se produjo la primera explosión. Por inercia se había situado parapetado tras la rueda derecha del “Lince”, y buscaba a tientas su fusil de forma infructuosa. Lo había dejado dentro del habitáculo del vehículo, y en ese momento comenzó a arrepentirse.

Una explosión levantó por los aires al primer vehículo del convoy, era otro vehículo Lince. Piquer pudo ver como el vehículo se elevaba y volcaba acto seguido. La gran explosión provocó que el conductor de su vehículo maniobrase con brusquedad, y casi estrellara el Lince contra unas rocas.

Toda la columna se paró en mitad de la nada de aquel maldito paraje afgano. Y en un instante posterior, comenzaron los disparos y algunas explosiones cercanas a los vehículos. Todo el mundo salió fuera de los vehículos, unos, los más avezados para responder al fuego de fusilería, y otros los más aturdidos o menos instruidos, se tumbaron en el suelo, o corrían de un lado para otro sin tener clara una dirección.

El Sargento 1º Piquer fue de los que primero entró en cierto estado de shock, dejándose llevar por la sensación natural de “huye…”. Pero tal y como ese pensamiento se deslizó por sus neuronas, cambió de dirección en su proceder, y asumió las circunstancias. Buscaba con la vista puesta sobre el primer Lince, heridos. Pero con el fuego de fusilería, el griterío, las explosiones, y el ruido de los motores al ralentí, era imposible escuchar nada. Se armó de fuerzas, y se incorporó sin levantar mucho la cabeza por encima del perfil del vehículo, y abrió la puerta.

-¡¡Vamos Agustín…vamos!!- se decía así mismo. Fue un alivio poder alcanzar el G36. –Ahora despacito y con buena letra vamos a pensar como arreglamos este desastre-

Buscó con la mirada a su conductor, el Cabo Ramírez, que estaba justo detrás suya. El si que tenía su fusil, y andaba encarando hacia el horizonte buscando algún insurgente. Piquer fue revisando mentalmente su equipo.

-Agustín…Llevas casco, chaleco antibalas bien puesto, llevas las gafas balísticas, llevas tu munición,…el¡¡botiquín!!…¿llevo el botiquín?...- Se preguntó el Sargento 1º. Llevo su mano hacia el muslo izquierdo y pudo comprobar y tocar que llevaba su botiquín personal. Sintió cierto alivio al ir comprobando que andaba con toda la impedimenta en su sitio. Miró al Cabo.

-¡¡Ramírez…Ramírez!! Llevas todo el equipo o te falta algo….- Le gritó para sobreponer su voz al ruido ambiental reinante. El Cabo indicó con su pulgar el símbolo de “Ok”, y ello fue otro buen aliciente para el Sargento 1º. Éste le indicó que se acercase hasta su posición, y el Cabo con precauciones se situó a su espalda.

-Ramírez, voy acercarme al Lince de delante, a ver a los heridos o a ver como esté el personal, y quiera Dios, que no haya muertos. Cúbreme la espalda con tiento, por si algún talibán se le ocurre venir de frente o por este flanco de nuestra izquierda, que es de donde viene todo el jaleo. Y por Dios…no dudes…tira a lo que se mueva y no sea de los nuestros. Me voy acercar a ver como esta el tema…y tío estoy acojonao….pero hay que ir…el resto está más lejos, y somos los más a mano.- Dijo el Sargento 1º con voz enérgica y sincera.

El Cabo le dio un par de palmadas en el hombro, tranquilizando a su Jefe, e indicándole que el iba a velar por su espalda. El Cabo sonrió, y el Sargento 1º le devolvió el gesto amable con un golpe al casco y otra sonrisa.

El Sargento 1º Piquer contando uno, dos y tres, salió corriendo en línea recta hacia el Lince que estaba volcado, con algunas llamas, y sin poder ver a los ocupantes. Sabía que en ese vehículo iban dos personas, un Cabo 1º conductor y otro Sargento 1º amigo y compañero de los de toda la vida. Su corazón palpitaba fuerte, sentía los pálpitos de forma exagerada. Oía su respiración, recortada, seca, forzada. Notaba el sudor como le recorría el rostro, y no podía dejar de apartar la vista del vehículo.

Sabía que debía mirar a su alrededor, a sus flancos, pero su cuerpo no obedecía, solo lograba mirar al frente, su cuello y sus músculos cervicales, parecían bloqueados. Era una carrera de unos 20 metros, y le parecieron mil.

Llegó a la parte trasera del Lince, sus pulmones se llenaron de humo, de vapores, no veía gran cosa, había unas llamas que salían de la rueda delantera izquierda, no había rueda derecha ni eje. – Dios mío…. Que no haya muertos…que no haya muertos…- Se repetía el Sargento 1º.

Se armó de valor, y se tumbó para poder mirar por la ventanilla izquierda, y vio al Cabo 1º Verón, inconsciente. Quiso mirar más allá, en busca del copiloto, del Jefe del vehículo su amigo el Sargento 1º Reino, pero no podía ver nada más. Se incorporó de rodillas, y en ese mismo instante pudo ver como un insurgente, se dirigía corriendo hacia el vehículo. Le tembló todo el cuerpo, no podía pensar, no podía respirar, pero algo si que pudo hacer. De una forma inconsciente, pasó su fusil de la espalda a su frente, y sin saber como, se encontraba encarando hacia el insurgente que se encontraba a penas ya a 30 metros.

Pensó en darle el alto, pero rápidamente descartó la estupidez del pensamiento, cambió de posición la aleta del seguro, a posición de tiro a tiro, y con algo de calma, su subconsciente le decía, respira…respira… ahora…dispara… Realizó tres disparos, apuntó al centro del cuerpo del insurgente, era la parte más expuesta. No pensó en filigranas o tiros inservibles, directamente al pecho. Los dos primeros impactos dieron en el pecho, el tercero en la garganta. El insurgente cayó al suelo, y no se movió. Piquer pensó en volver a realizar un cuarto disparo, pero entendió que el blanco abatido no se iba a levantar.

Con cuidado y con los ojos puestos en la mira del G36, realizó un barrido al horizonte que tenía en su frente. No había nadie más, al menos que el viera. Pensó y calculo riesgos, debía situarse en el lado expuesto al enemigo, para poder mirar en el lado del vehículo donde se encontraba su compañero.

Y se dispuso a bordear el vehículo y llegar a la puerta derecha. Inició el movimiento de forma rápida y agachado. Se le hizo eterno, el miedo invadía su cuerpo, se iba a exponer al fuego talibán…. Llegó al lado derecho, la puerta estaba bastante deteriorada, pero había soportado bien el impacto de la explosión. Y pudo mirar y ver a su compañero que no estaba inconsciente, tenía los ojos abiertos, la boca desencajada, y sangre de heridas y cortes.

Hizo un intentó de abrir la puerta a la vez que miraba hacia el frente, en ese momento, un ruido cerca de él le alertó, un sonido metálico, de impacto. Le habían disparado. Se quedó helado, se agachó cuerpo a tierra. Otro segundo impacto más cercano rebotó, y en ese instante Piquer pensó que le iban a cazar.

Sonaron varios disparos, cercanos…, era su Cabo que había localizado al tirador y estaba batiendo su zona. Los disparos se repetían, controlados, rítmicos, con intención. El Sargento 1º supo en ese instante, que había que actuar con rapidez, su compañero le estaba cubriendo, y mientras mantuviera fuego sostenido, había alguna garantía de que el tirador enemigo, no asomara la cabeza, y por tanto, no tuviera un tiro cómodo para acertar.

Se levantó, erguido tiró con fuerza de la puerta del Lince. La puerta no se abría, insistió. Al final, pudo abrirla. El Sargento 1º Reino estaba mirándole, parecía que sonreía. Piquer miró con rapidez y examinó la situación. Unos hierros habían atravesado las piernas de Reino, a la altura de los gemelos, parecían unos tubos del sistema de refrigeración. No había otra cosa importante a la vista, a parte de cortes y heridas superficiales.

Estiró de su compañero, y con dificultad pudo liberarlo del asiento, y arrastrarlo hasta el suelo, fuera del vehículo. Reino gemía de dolor. Piquer lo miró, y en un momento determinado, pudo apreciar como Reino arqueaba las cejas con estupor. Piquer se giró, y vio como varios insurgentes se acercaban corriendo. No oía los disparos de cobertura de su Cabo. –Mierda…mierda…algo pasa…algo pasa…- Se dijo para si mismo.

Volvió a encarar su arma, apuntó y disparó con imprecisión y rapidez. Sus disparos descontrolados, no hicieron blanco alguno, pero los insurgentes se echaron al suelo.

-Mi fusil…dame mi fusil…Agustín…mi fusil...- Dijo con voz ronca el Sargento 1º Reino. Piquer rápidamente miró hacia el interior de la cabina del Lince. El Cabo 1º seguía inconsciente, no se apreciaban heridas externas, pudo ver como respiraba- Luego tú campeón…luego tú- Dijo mientras sacaba del Lince el G36 del Sargento 1º Reino.

Piquer lo comprobó, había munición, tiró de la palanca de montar y alimentó el fusil. Se lo entregó a Reino. – Listo para disparar Pepe…solo apunta y dispara al frente- Le dijo Piquer. El Sargento 1º Reino cogió el fusil, y lo encaró en la dirección donde estaban los insurgentes. Piquer pensó rápido, -tengo que ayudar a Reino, tengo que tirar de él, pero esos están cerca, muy cerca, y el Cabo no está tirando…algo pasa...-

Con rapidez se quitó el cinturón del pantalón. Llevaba un mosquetón agarrado al chaleco, lo quitó y lo colocó en la parte más baja del chaleco, donde pudo agarrarlo. Pasó el cinturón por el mosquetón y por el asa de la parte superior de la espalda del chaleco de Reino. Piquer mientras realizaba la operación, vio como Reino abría fuego. No había tiempo que perder, Reino estaba disparando de forma más o menos controlada sus cartuchos. Piquer terminó de anclar con el cinturón el chaleco de Reino. Elevó su fusil y abrió fuego sostenido hacia el sitio donde se encontraban los insurgentes que se habían vuelto a tumbar.

-Pepe…Pepe voy a tirar de ti, te voy a arrastrar…esto te va a doler… lo siento por tu culo, pero por Dios o por lo que quieras, no dejes de disparar hasta que pueda dar la vuelta al Lince y tengamos un parapeto para protegernos- Gritó Piquer.
-¡¡Vamos Agustín…vamos….!! Sácame de este sitio- Gritó con fuerza Reino.

Piquer comenzó a tirar con su cuerpo para arrastrar a Reino, imposibilitado para andar, pero capaz de disparar. El binomio se sincronizó, el paso era lento, pero ambos abrían fuego, mientras paso a paso, Piquer retrocedía tirando del herido. Fue eterno, una vez más, fue eterno, Piquer no veía otra cosa que los bultos que identificaban a los insurgentes. No oía los disparos, sabía que Reino estaba disparando.

Por fin pudo dar la vuelta al Lince, y parapetarse un poco. Se oyeron disparos de un tercero, venían de dentro del Lince. El Cabo 1º Verón había despertado, y había visto toda la acción, sin dudarlo, alimentó su fusil, y desde su precaria situación y a través de la puerta abierta batía el sector con sus disparos.

Piquer en un arrebato necesario, desvió su mirada hacia donde se encontraba su vehículo, y en ese instante pudo ver que el Cabo Ramírez estaba de nuevo abriendo fuego.

-¡¡¡Bien…bien!!! Cuatro bocas de fuego…venid ahora…Venid ahora canallas…- Pensaba Piquer.

Se soltó del cinturón con el que había arrastrado a Reino, lo dejó apoyado en un lateral del vehículo, y se lanzó abrir la puerta por donde se encontraba Verón, el Cabo 1º que en esos momentos era el expuesto al posible fuego talibán.

Abrió la puerta, y por las axilas sujetó a Verón que seguía disparando, aun estando boca abajo, lo pudo sacar de esa posición incómoda y peligrosa. Lo sacó del vehículo, y en ese mismo momento, el Cabo 1º sin meditar, se incorporó, cambió el cargador de su G36 y se posicionó para volver a disparar.

-Mi Sargento 1º, ayude a mi Jefe que ya me encargo yo de tener a estos a raya- Dijo Verón.

Piquer se agachó, miró las piernas de su compañero, con rapidez, abrió su botiquín, el que llevaba ajustado al muslo. Buscó y sacó el torniquete. Sabía como hacerlo, sólo iba a poder detener la sangre de una de las piernas, pero por algo había que empezar, y seguro que Verón llevaba el suyo…

El fuego sostenido y cruzado de los dos tiradores, el Cabo Ramírez y el Cabo 1º Verón, hizo mella en los insurgentes, cuatro huyeron y dos nunca se volvieron a levantar. Piquer aplicó un primer torniquete a Reino, en la pierna que tenía mayor sangrado. La otra, a pesar de llevar un tubo clavado, no sangraba.

Se giró para mirar a su Cabo, a Ramírez que permanecía cual centinela en su puesto, pudo ver entre la niebla de aquella batalla, que un nutrido grupo de personas venían corriendo hacia ellos. Pudo ver brazaletes blancos -… Los sanitarios…ya llegan… Pepe…que te vas al hospital a ligar con las tenientes enfermeras…..que suerte tienes jodido….-, dijo el Sargento 1º Piquer sonriendo.[/align]

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NotaPublicado: 08 Ago 2011 20:30 
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Registrado: 02 Mar 2010 12:01
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Excelentes relatos "sereco".

Que buenos están los de la epoca "actual", estos son (para mi) los mas interesantes, pues ya sabemos de las glorias y heroicidades de nuestros antepasados, pero es difícil saber y pensar en este tipo de "casos" en la actualidad, ya sean reales o ficticios.

Gracias por compartirlos.


Saludos.


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NotaPublicado: 09 Ago 2011 16:14 
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Registrado: 15 Jun 2010 15:45
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[align=justify]Saludos cordiales. Dejo otro relato, este dedicado a un Regimiento de Héroes, señor que filón tendrían ingleses y americanos si hubiera sido una unidad suya..., espero que guste.[/align]

[align=center]LA OCTAVA CARGA[/align]


[align=justify]-Tendrán los caballos alma…- Pensaba Rodrigo mientras picaba espuelas con su sable al frente, dando la cara a la muerte que le esperaba en forma de fusiles y balas, con los que los rifeños, escondidos tras zarzales y chumberas, abrían fuego. La sed era implacable, el polvo del fondo de aquel cauce seco del río Igán, se había quedado impreso en las pieles de los jinetes y sus corceles.

Agripa, el caballo de Rodrigo sudaba, sangraba por sus encías, los estribos y los continuos tirones propios de la batalla, le habían dañado toda la boca. Sus costados sangraban, no abundantemente pero sí, que un manto rojo cubría el lomo de Agripa, las continuas arengas que le provocaban las espuelas del jinete, carga a carga le habían producido unas heridas importantes. Pero seguramente para Agripa, ese magnífico caballo de color azabache, de generosa crin y de ojos abiertos y despejados, que llevaba 4 años de servicio en el Regimiento, todo eso, eran avatares de la vida de un corcel en un Regimiento de Caballería.

Rodrigo oía las voces de sus compañeros que hacían eco de las órdenes de sus Oficiales, de los pocos que ya quedaban, tanto Oficiales como la Tropa, andaban ya muy disminuidos tras las cargas a lo largo de aquel interminable 23 de julio de 1921, en el que el Regimiento de Cazadores Alcántara Nº 14 estaba entregándose en vida, a proteger a los maltrechos restos de la fuerza española, que tras el debacle en Annual, se batían en retirada hacia El Batel, en dirección a Melilla.

A toque de diana, esa mañana había 691 jinetes. Ahora tras 6 cargas, Rodrigo apenas podía contar dos centenares. Los Escuadrones estaban diezmados, y se reagrupaban de la mejor manera, cerrando filas. Pero las órdenes eran proteger a aquellos desvalidos soldados, que asustados, diezmados, derrotados, desmoralizados corrían desesperadamente por sus vidas. Un único objetivo, llegar a la plaza de Melilla y al menos allí, intentar salvar la vida. Porque los rifeños avanzaban sin nada que los frenase, habían pasado a cuchillo durante toda esa semana a todas y cada una de las guarniciones españolas.

Las palabras del Teniente Coronel Primo de Rivera, habían sido vaticinadoras de todo lo que se esperaba de ellos. Sonaban en su cabeza como un látigo:

“Ha llegado para nosotros la hora del sacrificio. Que cada cual cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas las mujeres españolas dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos”…

Y en el Alcántara no había ni un solo cobarde, tanto jinetes como sus caballos, habían entregado sus cuerpos y sus almas, al sagrado deber de la Caballería, proteger a los indefensos y desvalidos, poniendo en el empeño, la mirada del águila, la velocidad del rayo, y el corazón del león… y con ello sus vidas.

Agripa relinchaba, sentía poderosamente en su sangre los efluvios de la batalla. Los rifeños retomaban una y otra vez las posiciones en la ladera del río Igán, pero al igual que el Regimiento disminuía a cada carga, las fuerzas rifeñas cada vez que el huracán de la Caballería Española pasaba por encima de sus posiciones, estas fuerzas de salvajes, eran a su vez diezmadas. Caballos y jinetes del Alcántara caían en la carga, a lo largo de los largos metros que separaban una y otra vez, la libertad de los compatriotas de la columna de aquellos desvalidos, y los rifeños.

Pero una vez que los sables de estos valerosos jinetes, llegaban a la carne, los brazos fuertes y sus sables bizarros daban cuenta una y otra vez, de aquellos miserables fusileros rifeños, que llevaban escrito el mensaje de la muerte y maldad en sus ojos.

Rodrigo estaba encuadrado en el primer Escuadrón, en el Segangan, apenas pudo ver al mirar a su izquierda y a su derecha a más de 40 jinetes. Vio a su teniente, que andaba mal herido, con una venda en la cabeza. Vio al Sargento Martin, con una pierna casi destrozada, y vio a otros compañeros, todos con el sable en la mano, las riendas sujetas con firmeza, y en sus ojos, una mirada vidriosa, sin emociones, pero concentrada.

Las órdenes fueron claras, -¡¡Al paso…!!..- y el Alcántara volvía por séptima vez a cargar. Los caballos ya exhaustos comenzaban a avanzar al paso. Comenzaron a verse fogonazos a lo lejos, y algunas balas comenzaban a silbar cerca de las líneas de jinetes. Inmutables como desde el principio, cada uno fue fijando sus objetivos…

-Si llego, esos dos canallas de esa chumbera serán míos..- Pensó Rodrigo. Y Agripa seguramente supo escuchar a su jinete, porque no se desvió ni un centímetro en su avance. El caballo fijó también su mirada en aquella chumbera, y en aquellos rifeños, enseñó los dientes, afiló su mirada y relinchó.

-¡¡Para cargar…!!- Los jinetes comenzaron a espolear a sus maltrechos corceles, y las líneas de cazadores del Alcántara comenzaban a tomar velocidad. Se volvía a conjurar el huracán de la Caballería, y todos sintieron que el Apóstol Santiago volvía a cabalgar junto a ellos, blandiendo su espada como un jinete más.

Rodrigo espoleó al caballo, Agripa respondió aligerando el paso. Se oía la respiración forzada del caballo, el ruido de los cascos al batir el suelo, el jadeo de los jinetes…

-¡¡¡Carguen…!!!- Y el Regimiento como un solo ente se lanzó a la muerte una vez más. Los caballos apenas podían lanzarse al galope, algunos caían al suelo, exhaustos, otros por más que eran espoleados no superaban más allá del trote. Otros, entregados al sonido de las cornetas, al grito de los jinetes, al sonido de los disparos, se entregaron al galope, no con tanto brío, no con la fuerza de las primeras cargas, pero con el ímpetu necesario para desatar el ya nombrado huracán.

Agripa avanzaba, Rodrigo con el sable en la mano, con el cuerpo agachado pegado al cuello del caballo, le gritaba - ¡¡Adelante Agripa!!...¡Sigue!... ¡Sigue!…¡¡¡Viva España!!! …¡¡¡¡Viva el Alcántara!!!!... sigue Agripa…sigue hermano…-

El caballo respondía a la arenga de su jinete, volvió relinchar, volvió a incrementar el galope. Ya se veían de cerca los fogonazos de los fusiles de la Harka rifeña. Ya se oía la muerte, podía ver que la línea de jinetes del Escuadrón se desmoronaba, que caballos y jinetes caían al suelo, quedando en perfecta formación junto a otros hermanos ya caídos en las anteriores cargas.

Rodrigo se acercaba como el rayo hacia su objetivo, los dos rifeños se percataron que el jinete del Alcántara ya había fijado su dirección hacia ellos. Iba resuelto, y no se podría decir quién ponía más ímpetu en el avance, si el corcel o el jinete. Seguramente ambos, en comunión, dueños de su destino. La primera línea del Regimiento engulló a la primera línea de los tiradores rifeños, los Escuadrones habían quedado mezclado. Primero los más fuertes todavía, que fueron traspasando las líneas de la Harka. Detrás, no menos peligrosos iban llegando las desvalidas líneas de jinetes y caballos a menos velocidad. Algunos incluso ya llegaban a la línea a pie, fusil en mano, disparando a cuanto rifeño aparecía o salía en desbandada.

Rodrigo persiguió a los rifeños unos cuantos metros, al primero de un golpe de sable, le abrió la cabeza, el segundo fue cosa de Agripa, el cual lo arrolló y lo batió bajo su poderosa pisada. Ambos siguieron en el avance de la línea. Los rifeños salían corriendo, algunos más sosegados o menos impresionados por el poderío de aquella fantástica maquinaria de combate, compuesta por caballo y jinete español, se atrevieron a desafiarla. El resultado fue el mismo que para sus secuaces, la bravura y la fuerza de los caballos y jinetes del Alcántara, realizaron todo y más de aquello que se esperaba de ellos.

Rodrigo retuvo la carrera de Agripa, pararon. Se secó el sudor con la bocamanga del uniforme, y miró alrededor. Comenzó a ver una muchedumbre que disparando a todo lo que se terciaba, se les venía encima. Y la corneta sonó, tocaba a reagrupar las filas, tocaba volver antes de que la Harka, volviera a tomar posiciones y quedasen expuestos al fuego.

El regreso al vado del río Igán fue una tortura. Los caballos ya exhaustos en su totalidad, iban prácticamente al paso, Rodrigo comenzó a contar a groso modo cuantos volvían. En esa carga, prácticamente casi la mitad de los que habían cargado en ese séptimo asalto, habían dejado la vida.

Agripa ya trotaba forzado, Rodrigo notaba como los pulmones del caballo no se llenaban de aire, con su palma acariciaba el cuello y la crin del maltrecho Agripa, pero seguía, seguía en pie como su jinete. El primer Escuadrón se fue reagrupando, apenas se podían contar 20 jinetes, el Teniente ya no estaba, ni el Sargento Martín tampoco. Sus ojos se llenaban de lágrimas, todos cuantos amigos tenía, muy seguramente estaban ya muertos. De su orgulloso Escuadrón, apenas quedaban vestigios testimoniales de lo que había sido una Unidad de valientes cazadores.

La columna de tropas a la cual protegía el Regimiento Alcántara, todavía no había cruzado por ese paso, y la Harka volvía a posicionarse para hostigar, y cumplir así sus criminales actos. Pasaron los minutos, el tiempo no se detuvo, ni ninguno de los cazadores del Alcántara que quedaban en pie quiso que así fuera. Era su destino, era su momento, era su sacrificio y eran los laureles con los iban a bordar la gesta más honrosa y sublime de la Caballería de todos los tiempos.

Rodrigo descendió al suelo, quiso inspeccionar a su hermano. Agripa, ya expulsaba sangre por la boca, su respiración era irregular. Miraba a su hermano, a ese jinete con el que estaba alcanzando la gloria. Ambos se miraban, la manos del jinete acariciaban el hocico del caballo, y éste, se calmaba.

Rodrigo miró a su alrededor, y pudo ver como todos los jinetes hacían lo propio, mimar a sus hermanos, a sus caballos ya héroes, y todos tragaban saliva, la poca que tenían porque el Sol y el polvo, les impedían tener algo más que polvo en la boca.

De repente a viva voz, se oyó una voz, recia, fuerte, febril -…-…¡¡¡Cazadores del Alcántara…..Monten!!!...-

Rodrigo fue consciente en ese momento del destino. Aún quedaban hombres que proteger, aún no se había agotado el tiempo para aceptar ese servicio. Miró a los ojos al caballo, lo acarició como quien acaricia a un ser muy querido, y le dio un beso en el hocico. Un beso de hermano, era la sublime despedida. Un momento tan íntimo y fugaz, que sólo puede entenderse, cuando uno vive y muere junto a un hermano.

El jinete montó. El caballo volvió a relinchar. Y el cazador del Alcántara se dirigió a la primera línea de las que se estaban formando. Todos jinetes se miraban, todos cual espectros de barro, se miraban. Todos sabían cual iba a ser el destino, y dando por hecho que no eran mejores que sus compañeros y amigos ya caídos, sonrieron, sonrieron a la muerte y al destino.

-¡¡¡Cazadores del Alcántara….!!!..¡¡Saquen Sables….!!!...- Y todos de forma unísona sacaron sus sables, los cuales relucieron bajo el cielo de Marruecos como una lluvia de estrellas y de muerte. -- ¡¡¡ Para cargar…..!!!!....¡¡¡Por España….Por nuestro honor…!!!...¡¡¡¡¡¡CARGUEN!!!!!-

Y así comenzó la octava carga del Regimiento de Cazadores Alcántara Nº 14. Ya no hubo galopes, ya no hubo trotes. Los caballos marcharon al paso, los jinetes se situaron en línea, y se lanzaron al sublime martirio, al sacrificio. Rodrigo miró a izquierda y derecha, reconoció rostros, y junto a sus hermanos, avanzaron para ganar el cielo, para entrar en la Historia, y para proteger a sus compatriotas, en una última y sublime carga de Caballería.

Atronaron los fusiles de la Harka, y los Cazadores del Alcántara esa tarde de julio de 1921, ganaron su inmortalidad.[/align]

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sereco escribió:
[align=justify]Saludos cordiales. Dejo otro relato, este dedicado a un Regimiento de Héroes, señor que filón tendrían ingleses y americanos si hubiera sido una unidad suya..., espero que guste.[/align]

[align=center]LA OCTAVA CARGA[/align]

(......................)



La academia Británica de caballería tiene una estatua en su patio con una placa en español e inglés de un jinete de Alcántara, poniéndolo como ejemplo del trabajo de la caballería.

WestPoint no tiene estatua pero si tienen clases donde se utiliza esa parte de la historia hispana.

Cuídense y cuiden de los suyos.

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Hace un par de meses alguien me envió este relato del cual desconozco autor, etc. Pero sé que mi abuelo estuvo allí. Mi abuelo materno fue uno de esos valientes que en un momento de su juventud se alistó en la División Azul y estuvo en Rusia, y recuerdo que se refirió a este "incidente".

[align=center]POSICIÓN INTERMEDIA[/align]

Este relato cuenta lo sucedido en la posición intermedia y los sucesos de los días siguientes. La posición intermedia fue un punto defensivo ocupado por apenas 20 divisionarios, situado cerca una barranca cubierta por abundante vegetación. Lo que desconocían los defensores era que los regimientos 1002 y 1004 rusos se estaban concentrando frente a esa posición con intención de atacarlo a la madrugada del día siguiente y que una fuerza de por lo menos dos batallones tenía la misión de infiltrarse precisamente por esa zona.

Los días 10 y 11 de diciembre los rusos bombardearon Udarnik, causando un muerto y nueve heridos pero a partir de entonces reinó una extraña calma en el frente del batallón que se rompería el día 24, cuando la línea del regimiento entró en erupción. Tras un bombardeo de las posiciones del batallón, los rusos intentaron de madrugada infiltrarse y dar golpes de mano que fueron duramente rechazados y les costaron 60 muertos y ocho prisioneros. A las 16:15 le tocó al tercer batallón del 263 rechazar a los rusos, los cuales lograron cruzar el río al norte y sur de Gorka, siendo desalojados de las posiciones ocupadas por un contraataque llevado a cabo por fuerzas del tercer batallón que les causó 60 muertos y 24 prisioneros. En una operación de limpieza efectuada en los bosques a la retaguardia por la sección de asalto del regimiento, se capturarían 20 prisioneros más.

Durante todo el día siguiente, Navidad de 1941, la artillería rusa bombardeó intensamente el sector del regimiento, enseñándose sobre todo con Udarnik. Durante la noche se sucedieron los golpes de mano e intentos de infiltración por parte de unas tres compañías rusas. Ese día murieron dos españoles y cuatro resultarían heridos mientras que los soviéticos tuvieron 30 muertos, capturándose 35 prisioneros de un grupo ruso que había logrado infiltrarse por entre los puestos avanzados. La artillería rusa seguía bombardeando el sector del batallón durante todo el día y parte de la noche del día 26. A la vista de los hechos posteriores, probablemente con intención de dificultar posibles trabajos de mejora de las fortificaciones y para impedir el descanso de los españoles.

Durante una inspección de línea, Esparza decidió establecer un punto defensivo entre Udarnik y Lobkovo, conocido como posición intermedia, situado cerca una barranca cubierta por abundante vegetación por donde los rusos habían infiltrado el día anterior. Hasta ese momento lo único que había entre ambas poblaciones era un par de pequeños puestos observación mandados por sargentos. Lo que Esparza desconocía cuando tomó esa decisión providencial era que los regimientos 1002 y 1004 se estaban concentrando frente al batallón de Román con intención de atacarlo a la madrugada del día siguiente y que una fuerza de por lo menos dos batallones tenía la misión de infiltrarse precisamente por la zona donde Esparza precavidamente había situado la intermedia, con intención de situarse a espaldas de Udarnik y atacarla por sorpresa en conjunción con el resto de la fuerza rusa situada al otro lado del Voljov.

Pasada la una de la madrugada la guarnición de la posición intermedia, apenas unos 20 hombres al mando del alférez Rubio Moscoso, incluidos unos pocos zapadores alemanes que tuvieron la desgracia de pernoctar allí, fueron atacados de manera abrumadora por la fuerza rusa que tenía la misión de infiltrarse por la barranca cercana a dicha posición. La presencia de la posición española debió de ser una sorpresa total para los oficiales rusos que, dispuestos a llevar a cabo su misión a cualquier precio, reaccionaron mandando sus hombres en grupos compactos contra la posición de Rubio Moscoso. Tanto Román como la guarnición de Lobkovo, al mando del capitán Temprano, recibieron aviso del ataque. Esparza, avisado por Temprano, ordenó a Román reforzar los puestos y enviar una sección en dirección a la intermedia para averiguar con exactitud lo que ocurría, sección que no puede contactar con dicha posición ya que resultó prácticamente aniquilada al caer en una emboscada rusa. Esparza ordenó asimismo a la 1ª y a la 11ª compañías del 269 y a la sección de asalto de Pettenghi que se dirigieran a Udarnik. Al resto del primer batallón del 269 se le ordenó que se dirigiera al Lobkovo. Mientras tanto los escasos defensores de la intermedia, prácticamente sumergidos por una marea de rusos, resistían ferozmente con el valor que da la desesperación. Finalmente Román recibió un último y agónico mensaje telefónico de dicha posición informando que Rubio Moscoso había muerto y que todos los supervivientes estaban heridos pero que a pesar de todo no se rendirían. Por desgracia nunca sabremos con seguridad quién era el hombre que estaba al aparato pero sí sabemos que Román, el cual con casi total seguridad sí que lo sabía, propuso para la medalla militar individual por su actuación durante ese día al cabo de la 7ª compañía del 269 Luis Laborda Martín, muerto en dicha posición. Las razones de Román para dicha propuesta nunca las conoceremos con absoluta precisión pero es lógico suponer que dicho cabo fuera ese héroe desconocido, que Román lo supiera por haberse mantenido comunicación telefónica con el y que por eso Román, siempre tan respetuoso con el coraje de sus hombres, lo propusiera para tan alta condecoración. Sin embargo, a pesar del desesperado heroísmo de los defensores, éstos serían aniquilados hasta el último hombre y la posición tomada por el enemigo. Acto seguido los rusos giraron hacia el norte y a partir de las 3 comenzaron a atacar las posiciones cercanas a Udarnik y la población misma, que quedó completamente rodeada.

El ataque ruso sobre Udarnik aparentemente fue lento y poco coordinado. Al principio los inexpertos reclutas rusos eran remisos a entrar en la población pero lentamente y gracias a su superioridad numérica, los españoles y unos pocos alemanes que también formaban parte de la guarnición, enormemente sobrepasados en número, fueron expulsados de la mayoría de casas del pueblo. La confusión, multiplicada por la obscuridad de la noche, era total. Los gritos continuos de los combatientes, las sombras amenazadoras moviéndose en la oscuridad, los disparos y explosiones continuas y el intenso y atroz frío del invierno ruso conformaban un ambiente de pesadilla que sería recordado por los supervivientes mientras vivieran. En un momento dado sólo quedó la ermita como posición central, adonde Román había ordenado a los supervivientes que se retirarán y donde se trasladó el puesto de mando, así como casas aisladas desde donde puñados de españoles resistían por su cuenta como buenamente podían. Sobre las 06:30 Román informó a Esparza que la situación era cada vez más seria y que iba a contraatacar con los hombres que le quedaban. Román reunió a siete u ocho soldados y apoyado por una pieza de 37 milímetros de la sección antitanque, la cual durante toda la noche daría sin desmayo un apoyo valiosísimo, se lanzó sobre los rusos, cargando él el primero en cabeza y sin esperar a nadie. La mitad de los soldados que acompañaban a Román cayeron durante la carga pero los rusos fueron echados a bombazo limpio de las cercanías de la ermita. Sin embargo la situación continuó agravándose. Finalmente, sitiado en la ermita, con la línea telefónica cortada, Román envió un enlace con un mensaje a la posición del teniente San Juan ordenándole que hiciera saber al regimiento que la situación era desesperada. Entre las 08:30 y las nueve de la mañana fueron llegando a Udarnik los hombres de la 1ª compañía del 269, al mando del capitán Fernández Vallespin y los de la 11ª y la sección de asalto de Pettenghi, lográndose romper el cerco y rechazar a los rusos fuera la población así como recuperar las posiciones españolas que habían sido ocupadas por los rusos. A partir de las 9:30 avanzaron hacia la posición intermedia Fernández Vallespín desde Udarnik y parte del primer batallón, al mando del comandante García Rebull, desde Lobkovo.

Lo que los endurecidos divisionarios vieron allí les enfureció y lleno de rabia. Los defensores yacían sin vida, esparcidos por la posición, terriblemente mutilados por los rusos, algunos de ellos clavados al terreno con picos. La noticia corrió como la pólvora. Sin embargo la batalla en la posición intermedia había acabado. A las dos de la tarde un batallón ruso cruzó el Voljov y atacó la posición de la ermita, también llamada capilla vieja que estaba defendida por los pelotones al mando del alférez Escobedo. La resistencia ofrecida por los españoles fue realmente tenaz pero la posición fue tomada después de que todos los defensores fueran muertos o heridos, Escobedo entre estos últimos. Sin embargo una hora después, un feroz e impetuoso contraataque llevado a cabo por las compañías del primer batallón al mando directo de García Rebull recuperó la posición en apenas diez minutos. El sentimiento entre los españoles era de rabia y odio por lo que los rusos habían hecho a sus camaradas de la posición intermedia así que no hubo piedad para con el enemigo. Los rusos que no cayeron en la posición, fueron aniquilados por el fuego de artillería y las ametralladoras españolas cuando intentaban cruzar el Voljov. Ese día entre el más un millar de bajas sufridas por los rusos, hubo 700 muertos pero ningún prisionero.
Dos horas después, a las siete de la tarde, ya de noche y tras haber recibido un suministro abundante y de calidad, el segundo batallón fue relevado por fuerzas del 422 regimiento de infantería alemán, trasladándose a Luibzy donde pernoctó y descanso durante todo el día siguiente. Por su parte, el primer batallón del regimiento se estableció en Witka y Tschechulino y la 15ª compañía y la plana mayor en esta última población. Sólo el 3º batallón del regimiento quedó en línea afectado al regimiento 262. A las 10 de la noche del día 29 la plana mayor del batallón se trasladó a Tschechulino, llegando el resto del batallón a las once y media de la mañana del día siguiente tras una marcha de cuatro horas y media. Ese mismo día la 13ª compañía del regimiento fue transferida al sector del lago Ilme, siendo seguida por la 14ª al día siguiente la estancia en Tschechulino fue placentera para los supervivientes del segundo batallón. Por una vez se disponían de raciones abundantes y se estaba relativamente a salvo del fuego de la artillería enemiga lo cual contrastaba vivamente con la experiencia vivida casi desde la misma llegada al frente. Sólo la vista ocasional de la Parrala turbaba la tranquilidad.

El día 7 de enero, al tener que volver Esparza a España por razones de salud, el comandante Román se tuvo que hacer cargo del regimiento de manera accidental por cuatro días hasta que el coronel Rodrigo tomó el mando, siendo sustituido al frente del batallón por el capitán Temprano, de la 5ª compañía.

El día trece los rusos lanzaron una potente ofensiva justo al norte de la división con el objetivo de romper el cerco de Leningrado y hacer retroceder a los alemanes lejos de dicha ciudad. El 2º ejército ruso se lanzó contra el punto de unión de la 126ª y 215ª divisiones de infantería alemanas, rompiendo el frente y penetrando profundamente en la retaguardia alemana. La 215ª división logró aguantar cómo pudo y formar un frente al norte de la penetración rusa pero la 126ª quedó reducida a puntos aislados que interesaban desesperadamente aguantar cómo podía. La situación era crítica y se pidió a Muñoz Grandes toda la ayuda que se pudiera dar. El 2º batallón fue enviado de nuevo la lucha.

El mismo día en que se desencadenó la ofensiva rusa el batallón recibió orden a las ocho de la tarde de marchar a Podberesje, a donde llegó dos horas después. Esa noche se repartió una botella de coñac para cada dos soldados. Para los guripas era indicio más que seguro de que las cosas pintaban mal. Al día siguiente, 14 de enero de 1942, el batallón salió a las 6 de la mañana en dirección a Teremez. Dicha población, situada a unos cinco kilómetros al este, a orillas del Voljov, estaba en la base del flanco izquierdo del saliente formado por el avance ruso. Si se conseguía tomarla y proseguir el avance hacia el norte, se podría llegar a cortar el saliente, cercando así a la totalidad del 2º ejército de choque ruso o por lo menos ralentizar su avance. Los rusos lo sabían y precisamente por ello habían fortificado la población lo mejor que habían podido. A las 07:30 de la mañana el batallón llegó la posición de partida, el lindero de un bosque situado a unos 200 metros de objetivo. De allí a Teremez el terreno estaba completamente despejado sin ningún tipo de abrigo que protegiera al avance. Román decidió atacar con la 5ª y 6ª compañías mientras el resto del batallón, es decir la 7ª y 8ª compañías y la plana mayor, intentaban desde el bosque cubrir con su fuego el avance de sus camaradas. Cuando el batallón ya estaba en las posiciones de partida y listo para atacar, una descarga de artillería propia cayó sobre los españoles causando confusión y poniendo sobre aviso a los rusos. A pesar de todo se decidió continuar con el ataque. El avance de la 5ª y 6ª compañías a través de la profunda nieve que cubría el terreno fue lento y penoso, en medio de un silencio inquietante. Los rusos no disparaban. Sencillamente esperaron a que los españoles llegaran a unos 100 metros de sus posiciones, lejos ya del bosque protector de donde habían partido, para abrir un fuego devastador que barrio por completo a los asaltantes, aniquilándolos casi hasta el último hombre. Los españoles situados en el lindero del bosque, a pesar de sus intentos de dar apoyo sus camaradas, no pudieron hacer otra cosa que ver con horror como éstos caían uno tras otro segados por el fuego enemigo. Cuando ya no quedaban más asaltantes en pie, la furia del fuego ruso se dirigió a lindero del bosque barriendo lo que quedaba del batallón. Para empeorar las cosas otra barrera de artillería propia cayó entre los españoles. Era el fin del ataque. Al día siguiente a las siete de la mañana los españoles participaron en un ataque mejor preparado en unión de tropas alemanas y contando con el apoyo de carros de asalto que también fue rechazado por los defensores rusos, que habían sido reforzados durante la noche. A las tres de la tarde el batallón fue relevado, marchando a Podberesje. Durante esos dos días de combate, calificados como carnicería por el propio diario de operaciones del batallón, se sufrieron 140 bajas. El batallón era una sombra de sí mismo. Tras ser visitado por Muñoz Grandes el 16, los supervivientes se trasladaron a las nueve de la noche del día siguiente a Tschechulino, adonde llegaron una hora y media después, con el objeto de descansar y absorber reemplazos. Ante la falta de estos fue preciso destinar una compañía del grupo de transportes de la división que fue distribuida por secciones entre las compañías del batallón. La calma sólo fue perturbada por ligeros bombardeos aéreos el 23 y 27 de enero y nueve de febrero.

A las once de la noche del 10 de febrero se ordenó al batallón moverse a Dolgowo a donde llegó transportado en camiones a la una de la madrugada. Tras un breve descanso el batallón salió las ocho de la mañana hacia Ossija a donde llegó dos horas después. Se había ordenado batallón abrirse paso como fuera para auxiliar y evacuar la guarnición alemana de Mal Samoschje.

El batallón salió a las seis de la mañana del 12 de febrero en dirección a dicha población con la 9ª compañía del 263º como agregada. La marcha era lenta y fatigosa por el gran grosor de la nieve. El que no caminaba por las huellas dejadas por los demás, acababa hundido en ella. A la cabeza iba una escuadra de cinco hombres equipada con raquetas encargada de abrir camino. Debido el peligro de las minas y de las emboscadas rusas, los soldados le llamaban la "escuadra de la muerte". El itinerario seguido se apartaba de la carretera adentrándose e los bosques situados al oeste de Mal Samoschje con lo que en ciertos momentos Román tuvo que orientarse gracias al sonido de las explosiones provenientes de dicha población. A las once de la mañana hubo un primer contacto con una patrulla rusa a la que se le causó varios muertos a cambio un herido. Una hora y media después hubo nuevo contacto. Esta vez el combate fue más intenso pero nuevamente los rusos se retiraron. A las seis de la tarde hubo un nuevo enfrentamiento con otro grupo rusos al que se le causaron seis muertos. Una hora después se entabló contacto con otra patrulla soviética que resultó totalmente aniquilada. Finalmente, tras 18 horas de marcha dificultosa por la nieve y de diversos combates en medio de un frío espantoso, guiados por el sonido de los disparos y las explosiones, el batallón entro a media noche Mal Samoshje. Los alemanes, que acogieron a los españoles con el entusiasmo y la alegría de los que habían perdido toda esperanza, rápidamente recogieron sus heridos y equipo, iniciando a la una de la madrugada la retirada hacia Bol Samoschje aprovechando una pausa en los combates. La marcha esta vez fue algo más fácil para los españoles debido a que los alemanes, que iban más descansados, abrían camino ya que se aprovecharon en algunos lugares las huellas dejadas y en otros se tomó un camino más directo. A las cinco de la mañana hubo un primer contacto con una patrulla rusa que se retiró rápidamente. Una hora después el batallón se encontró el camino cortado por un grupo de unos 100 rusos. Tras una hora de combate se logró despejar el camino, entrando en Bol Samoschje a las tres de la tarde.

Tras una breve pausa el batallón marchó a la cercana Ossija para descansar y permanecer en reserva. Sin embargo los repetidos ataques rusos sobre Bol Samoschje obligaron al batallón a entrar en acción nuevamente al día siguiente, 14 de febrero. A las tres de la tarde, la pérdida de una posición avanzada alemana obligó al envío de la 6ª compañía y una sección de la 8ª como refuerzo para parar el avance enemigo. Al anochecer fue rechazado un nuevo ataque ruso y a las ocho de la noche un último intento soviético fue rechazado a corta distancia con granadas de mano. El día siguiente no fue tranquilo para el batallón. Desde las cinco de la mañana los ataques rusos se sucedieron con creciente intensidad. Al anochecer una patrulla española atacó una avanzadilla rusa, que tomó, capturándose varios prisioneros y comprobando que había más de 300 cadáveres rusos en los alrededores. Ese día, 15 de enero de 1942, Muñoz Grandes comunicaría al batallón que se le había concedido la medalla militar colectiva. Los dos días siguientes fueron tranquilos pero el 18 se desencadenó un nuevo ataque ruso que duró todo el día. Fue el último intento ruso de desalojar a los defensores de Bol Samoschje.

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NotaPublicado: 13 Nov 2011 17:10 
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Registrado: 16 Ene 2010 19:41
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Hola amigos, os dejo la primera parte de un relato que he estado escribiendo mientras deberia estar estudiando :( .
A mi ordenador le ocurre algo que no me deja poner tildes ni letra en negrita (para cuando hablan otros idiomas)solo tiene las que automaticamente me ha puesto el procesador de textos, asi que siento la ortografia y espero que osguste.


Sintio un fuerte dolor en la cabeza que le despertó. Tenia las manos atadas a la espalda y alguien le llevaba agarrandole por los brazos mientras arrastraba los pies calzados con unas sucias botas. No sentia fuerzas para levantar la cabeza, asi que lo unico que vio fue eso, sus botas, un seco y pedregoso suelo y los pies de los dos hombres que le llevaban. Una puerta se abrio y aquellos hombres le arrojaron dentro de una habitación tan vacia como polvorienta. -¿Qué ocurre?- penso. De nuevo un fuerte dolor en la cabeza. Tenia calor, estaba sudoroso y se sentia sucio, notaba pegajosa su nuca y podia oir el zumbido de al menos 2 moscas revoloteando por su dolorida cabeza. Podia escuchar en la habitación de al lado los lamentos y sollozos de otro hombre cuya voz le era familiar, aunque no llegaba a distinguir con claridad lo que este decia. Daba igual, se sentia mareado y le dolia mucho la cabeza, tenia sueño…
Se despertó al recibir una patada en las piernas, abrio los ojos e hizo un vago esfuerzo por mirar hacia arriba. Un muchacho joven, de unos ventipocos años se puso en cuclillas frente a el, le miraba con cierto tono arrogante y burlon. – Shorop maa. – Le dijo este mientras le ponia en la boca un sucio cuenco de madera lleno de agua. La que no se le cayo por la cara y cuello y camiseta se la bebio dejando el cuenco vacio. – ma ismuk?- Le dijo el joven, pero el no entendia..- Hal tatakalm al-arabia? - … El muchacho se puso de pie y casi grito con un tono burlesco y un fuerte acento – HOLA, BUENOS DÍAS, MI GUSTA LA PAILLA FIRNANDO TORRES, OOOLE,- Entonces se escucho un carraspeo detrás, en la puerta y el joven se le quitaron las ganas de guasa al ver en la puerta a un hombre de unos 50 años , serio y con una impecable chilaba blanca flanqueado por otros dos peor vestidos que portaban cada uno de ellos un AK-47 viejos y casi oxidados. El Joven fue cabizbajo a situarse detrás de estos sin decir una sola palabra. El hombre de la chilaba se le quedo mirando antes de decir un par de palabras en arabe y de nuevo le dejaran allí solo, con el zumbido de las moscas y ese fuerte dolor de cabeza. Sentia miedo, mucho miedo, más casi, al hecho de no saber donde estaba que a esos hombres armados. Cada vez que intentaba recordar sentia un enorme dolor en la parte posterior de la cabeza. - ¿Dónde estoy?, ¿Qué $%&/ esta pasando? piensa piensa….- Se abrio la puerta en la habitación de al lado y pudo escuchar voces hablando en arabe y de nuevo la voz familiar de antes llorando y suplicando es un perfecto castellano con cierto acento del sur peninsular. ¿De quien era esa voz?.... – Le vino a la mente un joven de unos 35 años aproximadamente con pelo largo y barba, y supo que ese que lloraba y gemia era el, que le caia mal y que en más de una ocasión se había mostrado arrogante e impertinente, pero, ¿Quién era?. De nuevo un fuerte dolor en la cabeza y sueño, mucho sueño, con la espalda pegada a la pared de la que procedian las lamentaciones, se dejo llevar por los brazos de Morfeo, con la esperanza de que aquello no fuera más que un mal sueño.
Una fuerte discusión fuera, le devolvio a la pesadilla. Si, estaba realmente en aquella habitación, tirado en el suelo, con las manos atadas a la espalda, y unos pantalones mimetizaos tan llenos de polvo que se le había hecho una fina capa de barro en la zona humeda del pantalón cuando en algun momento, hacia no mucho, se había meado encima. Apenas había luz ya en la habitación, lo que lo hacia más triste aun. Estaba apunto de anochecer y no queria pasar la noche en aquel lugar, ojala no estuviera alli. Sintio ganas de llorar, pero no lo hizo. A duras se puso de pie y se asomo por un hueco de unos 30 por 20 cm que hacia las veces de ventana. Aunque la noche asomaba al Este, no era tan tarde como el penso en un principio. Fuera había un grupo de hombres armados, unos 15 o 16, casi todos pasaban los cuarenta, con turbante y barba, algunos más jóvenes con bigote y todos con fusileria sovietica y alguna PKM con una interminable cinta de municion enrollada en el brazo de un orgulloso muyahidin. Aquellos hombres apuntaban a dos soldados autoctonos mal uniformados que hacian patente su enfado a la par que intentaban ocultar su miedo.-mmm… esos soldados… CLARO!!!- El mismo estaba instruyendo a esos dos hombres. Estaba en Somalia instruyendo a un grupo de soldados que deberian patrullar las montañas del norte en buscando las aldeas donde se escondian los piratas que surcaban el Oceano Indico. Si, eso es, y el joven de la habitación de al lado, es Carlos, el pesado pacifista miembro de una ONG con la que compartian campamento. Entonces, sintio mucho más miedo, recordar no hizo si no subirle un temor por el estomago hacia la garganta. Aun no sabia como había llegado a aquella ruinosa casa con paredes de adobe, pero tenia muy claro dos cosas: que aquellos dos soldados se la habian jugado y que aunque sin duda estaria en las montañas del norte, no se encontraba en manos de los piratas si no algo aun peor. Cualquiera que hubiera visto aquellos viejos y tartalosos Kalashnikov hubiera jurado que aquello no servia ni para colgarlo en la pared, pero disparaban, disparaban como recien salidos de fabrica y de ello dieron buena cuenta los dos traidores que ahora yacian en un charco de barro de sangre y arena con los cráneos deformados por los impactos de los proyectiles. Rapidamente se agacho deseando que no le hubieran visto. El jefe, el de la chilaba blanca, dio ordenes. Al minuto entraron unos 8 o 9 hombres en la habitación, uno de ellos portaba una videocamara de video con su tripode, y otro, empezo a desplegar una sabana con inscripciones en arabe. Aquella sabana le hizo sentir más miedo del que huiera tenido en toda su vida, auquella camara que tan grande contraste hacia en ese remoto lugar, serviria posiblemente para grabar su decapitacion, y sintio ganas de llorar como una niña. El joven que le trajo agua la vez anterior volvio a propinarle una patada, esta vez mucho más fuerte mientras le gritaba –DISPIERTA KALB!!- . El muy hijo de su mala madre reia. El ya estaba despierto y el otro lo sabia. – Si no estuviera atado- penso- te romperia esa cara de niñato de miera!- Aquel imbecil le había dado fuerzas para, tal vez, vencer el miedo y morir con un poco de dignidad. Mientras preparaban el escenario, un hombre de unos 45 años entro en la habitación. Era, como los demas, negruzco de piel, tenia el rostro tan seco y agrieteado como aquel asqueroso pais y una mirada tan dura como la vida que le había tocado vivir. Vestia una vieja chaqueta militar sobre su tunica de color amarillento y una barba aun más negra que su piel. Con pocas palabras reprendio a los demas, que entre lo que parecian escusas y palabras pidiendo perdon desmontaron el tinglado y fueron saliendo de la habitación hasta dejarlo solo de nuevo. Una vez más se había orinado encima, pero ahora le daba igual, sintio un alivio enorme. Tal vez le dejaran vivir, puede que hubieran pedido un rescate y el gobierno español hubiera accedido. ¿Pero, tan rapido?. En la habitacion de al lado, se oia ruido, sin duda estaban montando allí el escenario, mientras Carlos proferia en voz alta: -I´m your friend , please please, por favooor!!!! yo creo en vuestra causa, por Dios!! por Ala!!- hasta que un golpe seco lo dejo callado ,sollozando y haciendo un esfuerzo por respirar . En pocos minutos empezo a escuchar como uno de los raptores hablaba em voz alta, o mas bien leia mientras Carlos lloraba. Su alivio se transformo en una pesada carga en su conciencia, el no tenia culpa de que hubieran elegido primero a aquel pobre infeliz, pero se sentia mal por algun motivo. De repente, todos los que estaban en la habitacion de al lado gritaron al unisono – Allah´u akbar!!!- y seguido, grito uno solo – Allah´u akbar!! y entonces un desgarrado alarido de desesperación se fue poco a poco ahogando en sangre. Ahora si lloro se verdad, deseaba con todo su corazon despertar y no estar allí, queria estar en su pueblo del norte español, con su familia, con su gente, en casa. Unos minutos después salieron todos fuera mientras el señor de blanco dictaba ordenes al impertinente muchacho y a otro que no hacian más que escuchar y dar la razon a su jefe. Menos estos dos ultimos, todos los demas se repartieron en el cajon trasero de los dos todo-terreno blancos que había aparcados bajo la estrellada noche. Pudo ver por su miniventana como se alejaban las luces de los vehiculos entre los pocos arboles de aquellas montañas. Aun no era su hora. Tal vez saldria vivo de allí. Algo cambio en el. Podia intentar algo.Pues claro. No, no iba a rendirse, era miembro del Grupo de Accion Rapida de la Guardia Civil y no se iba a dejar matar como a un perro , se decia asi mismo iyectandose fuerzas asi mismo. Recordo las azañas del Capitan Alatriste que tanto le gustaban y se dijo asi mismo que venderia caro el pellejo, ademas, le daba mucho más miedo morir degollado que de un tiro en el melon. Una, o tal vez dos horas depues se miraba las manos ensangrentadas, los restos de cuerda atados a sus muñecas y el trozo de ocho centímetros de sierra con el que se había liberado. Bendijo el momento en el que vio aquella pelicula en la que el prota se sacaba algo parecido de la parte trasera de la bota. Unos días antes de partir para Somalia cortaria un trozo de sierra para metal y lo meteria en una funda de plastico para llevarlo siempre en la bota. Aquello era una cutrez de la que no había comentado a nadie para evitar el cachondeo de los compañeros, pero ahí estaba con las manos sueltas, temblorosas de miedo y bañadas en su propia sangre, pero sueltas. Aquello no era una pelicula. Sentia miedo, mucho miedo. ¿Y si entraba uno de los centinelas?. Sintio ganas de quedarse allí, quieto, como un niño bueno esperando la compasión de aquellos hombres. Pero sabia que no habria piedad por más que intentara engañarse asi mismo, asi que se quito las botas y se dejo los calcetines para amortiguar mas el sonido, respiro muy hondo un par de veces y muyyy despacio se fue acercando a la puerta. Si no podia abrirse desde dentro estaba perdido, por la mañana verian sus cuerdas rotas y seguro que se enfadarian . Acerco la oreja a la manivela mientras agarraba esta con los dedos pulgar, indice y corazon a modo de pinza, comenzo a bajar muy despacio casi sin respirar. –Por favor Dios, Por favor Dios- Decia para sus adentros mientras escuchaba el roce metalico dentro de la cerradura, hasta que llego a un tope. Escuchaba su corazon latir muy suerte, volvio a respirar hondo, apreto los ojos e hizo un poco más de fuerza para bajar la manivela – Click- La puerta estaba abierta…

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Compañero...ya lo estas acabando que me has dejado con mas intriga que las series de la tele...
Por cierto que el escenario me recuerda vagamente a un sitio que conocì en Libano allà por los años 80.
Lo dicho...a terminarlo.
Un saludo

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Las Fuerzas Especiales no mueren,se reagrupan en el Infierno


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Estos relatos eran muy interesantes. Espero que no se pierda esta tradición.


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Mensajes: 1346
Ubicación: Al otro lado de un Gran Charco
[align=right]Nivel de riesgo: Medio Bajo.

Escrito por Cecilio Andrade.




1037 horas, hoy.

Algún punto de Centroamérica.[/align]



- ¡¡SU P… MADRE!!!

Aquel exabrupto le salió del alma cuando el frenazo brusco le clavó el cinturón de seguridad en el pecho.

Pero no fue por el frenazo, ni por el cinturón tatuándole el pecho, ni por todo el interior del vehículo repartido de carpetas, bolígrafos, mochilas y bolsas varias. Sin ser una hermanita de la caridad no solía soltar esas lindezas de forma gratuita.

Lo cierto es que ver una granada de RPG7 (“bastón chino” en el argot local) levantar el vehículo que le precedía de 5500 kg de blindaje nivel 6, no era como para cantar un Ángelus.

- ¡Párate a su izquierda!! ¡¡Cúbrete con él!!!!

Por suerte, la velocidad tan alta, de la que el investigador no hacía más que despotricar y amenazar con hacer un informe, que llevaba el pequeño convoy había hecho que el tirador de RPG no disfrutara de un impacto directo, y tan solo en el suelo tras el eje trasero. Aún así levantó e inutilizó el vehículo como si fuera de juguete y no las 5 toneladas y media que pesaba. Esperaba que los oficiales y pasajeros del interior no hubieran sufrido más allá del impacto… esperaba.

También la distancia entre vehículos les había salvado de colisionar entre si. Bueno, la distancia y la rápida reacción del chileno que oficiaba de chofer. Son jodidamente buenos al volante estos chilenos, si, muy buenos.

- ¡¡Atentos!! ¡Los evacuamos a nuestro vehículo!!

Quedaban una decena de metros y ya estaba viendo todas las balas que estos cabrones le estaban metiendo al vehículo alcanzado, la mayoría con "cuernos de chivo" (o lo que alguien con voz de duro de $%&/ diría: "el arma favorita de nuestro enemigo, hace un sonido característico al ser disparada", o lo que es lo mismo, los viejos y eficaces AK47) aunque se escuchaban otras armas. El blindaje les daría unos segundos vitales para evacuarlos… eso esperaba… al menos…

- ¡¡Rossi cubre atrás e intenta neutralizar el RPG!!!

- ¡¡¡¡COPIADO!!!!– Contestó como esperaba, con rabia y decisión.

- ¡¡¡Rambito encárgate de subirlos aquí!!!

- ¡Si, si!!! – No tan decidido, aunque la corta edad y falta de experiencia lo exculpaba un poco. No fallaría.

Allá vamos…. El día anterior parecía otra cosa… Un simple nivel de riesgo medio bajo, dijeron Medio Bajo … ya… y una mier...!!!


[align=center]* * *[/align]


[align=right]0930 del día anterior.

Informando de operativo.

Base de operaciones, ciudad capital.[/align]


- Se trata solo de sacar un testigo protegido, con esposa y una hija, nada nuevo ni muy complicado. Lleváis a un investigador. Como es fuera de la capital iréis con dos vehículos, una Suburban para la familia, y una Prado no blindada para el equipo. Lo de siempre, preparáis la orden de operaciones y autorizaciones. No está previsto que sea nada más allá de un nivel de riesgo medio o más bien bajo.

¿Nada complicado? ¡Jod.. con la experta! Me gustaría saber a que llama ella algo complicado, sacar a un tipo de mitad de una zona controlada por narcos y mareros. No, nada complicado, y con una Chevrolet Suburban Negra acompañada por una Toyota Prado de sombra, la típica de los equipos de seguridad (o “guaruras”), nada complicado… de un “bajo perfil” que acojona.

- ¿Personal?

- Cuatro internacionales, un local y un policía.

- ¿Podríamos llevar una de las RAV 4 a modo de avanzada, con dos internacionales?

- Demasiado personal para esto, no os hace falta.

- Mañana no hay nada más previsto, así podríamos hacer que los nuevos hagan algo de trabajo de campo y vayan conociendo el interior del país. Los dos chilenos son buenos choferes pero no han pisado el interior.

- Bueno, prepáralo en la orden de operaciones pero por si acaso no cuentes con ellos.

- Ok.

- Poneos con lo más importante antes del medio día.

- El papeleo, ya… - ¿Lo más importante? Como no – Con tu permiso me pongo a ello. –Sin dejarle contestar continuó del tirón – Rossi encárgate con rambito de una mochila de trauma por vehículo, más un teléfono satelite y un GPS en el vehículo de apoyo. Rick mira tres chalecos para los “paquetes”, una talla grande para el tipo, y dos medianas para la señora e hija, y por si acaso uno para el investigador, que seguro “se le olvidará”. Los demás quiero los vehículos revisados y repostados a tope. Son las 0930 horas, a las 1200 nos reunimos todos aquí para repartir misiones. Ok?

- Ok!!

- Entonces al lio señoritas.

Salieron todos bromeando con media docena o más de acentos de español, lo habitual.


[align=center]* * *[/align]


[align=right]1200 del día anterior.

Briefing pre-misión.

Base de operaciones, ciudad capital.[/align]


- Todos tenéis una copia de la orden de operaciones, por ahora la han aceptado sin cambios, no sé si es un milagro o que les da igual. Por lo que nos toca, perfecto.

Miró a todos y todos le miraron a él, unos con sonrisas de comprensión, otros con expresiones de aburrimiento, alguno, los nuevos, con atención casi exagerada.

- Tenéis los códigos de radio, la frecuencia principal, la secundaria y la de emergencia; así como los teléfonos de interés. Conocéis los procedimientos. ¿Preguntas?... ¿No? Perfecto. La mayoría ya sabéis que no hay ninguna zona segura, entramos y salimos, no hay más.

Todos estaban leyendo su respectiva orden de operaciones.

- Ahora…. Rick, tu y Pelón en la principal. Ok?

- Vale.– Con Rick nunca había problema.

- Rossi, Rambito, ud – señalando a uno de los nuevos del contingente chileno – y yo en la Prado. Kalle y Bonani nos apoyarán con la RAV tanto como avanzada como de equipo de cobertura.

Diez minutos después todo estaba ya explicado, preguntado y comentado.

- Si no hay nada más nos vamos a casa a descansar, salimos a las 0400, por lo tanto todos aquí a las 0330. Rossi, ¿te llevas la Prado para dejarlos y encargarte de pasar por todos de madrugada?

- ¡¡¡Señor, si Señor!!! - Siempre en su papel..

- Entonces nos vemos esta noche.


[align=center]* * *[/align]

[align=right]0358 h. hoy.

Saliendo para el operativo.

Base de operaciones, ciudad capital.[/align]


- A toda la malla, comprobación de enlace.

- Delta 2 fuerte y claro. - Rick

- Aquí Delta 1 fuerte y claro. - Pelón.

Pelón y Rick respectivamente, bien.

- Bravo 1 le recibo bien - Chileno.

- Bravo 3 le copìo ok. - Rambito.

- Bravo 4 recibido. - Rossi

Vehículo propio ok.

- Les recibo a todos cinco-cinco. En marcha, saliendo. Copying, november two?

- – Copying…Copying. - Vehículo de apoyo y avanzada

Entonces sacó su teléfono móvil, celular en esta parte del mundo

- CEMCO dígame.

- Soy…,saliendo.

- Copiado, con cuidado.

- Gracias preciosa, nos vemos.


[align=center]* * *[/align]


[align=right]0713 h. hoy.

Casa del testigo protegido.

En algún punto de Centroamérica.[/align]



La última maleta. Todo había salido bien hasta ahora, llegar con las indicaciones del investigador y la habilidad de Pelón, montar un perímetro sin llamar la atención, al menos no más de lo necesario, sacarlos al vehículo y cargar su equipaje. Apenas 10 minutos en todo.

- Ten cuidadito Rick, Amy me mata si te rompes una uñita. – La ironía no podía faltar.

- Tranquilo hermano, me hice la manicura.

Salió despacio la enorme suburban, mientras llegaba detrás la Prado para recoger a Rossi y rambito, se dirigió a la calle para controlar la salida. El vehículo pasaría por él, no al revés.

La calle parecía desierta, sucia, con baches, de muros mal pintados y peor levantados, lo normal… pero desierta, y a esa hora ya tendría que haber gente moviéndose a su trabajo o quehaceres diarios… los pelos de la nuca llevaban de punta desde antes de llegar. Y tanto a Rick como a Rossi les notaba la misma tensión… algo no estaba bien.

Subió a la Toyota Prado en su solo gesto, abrir la puerta en cuanto se detuvo frente a él y subir. Chaleco pesado, portaplacas con cargadores, M4 y Glock 17 no le generaban ninguna incomodidad ni lentitud, demasiados años cargando trastos como esos.

Pero los pelos de la nuca seguían tiesos… y esa cortina de allí arriba no se movía hace un momento.


[align=center]* * *[/align]


[align=right]1037 horas, hoy.

Algún punto de Centroamérica.[/align]



- ¡¡¡¡¡Usa la Suburban de escudo, el nuestro no es blindado!!!!!!!!!!

- Si, Si, Si…. – Estaba nervioso el nuevo, pero reaccionaba bien, menos mal.

El vehículo se detuvo con precisión casi milimétrica, al ser más pequeño quedaba perfectamente protegido por el ahora abatido monstruo blindado de la Chevrolet Suburban. Monstruo que estaba recibiendo, y esperaba que aguantando, un verdadero diluvio de fuego, buena forma de probar un nivel 6 de blindaje, si señora.

- ¡¡¡¡¡Saliendo!!!!!

Rossi ya estaba dirigiéndose a la zona trasera, lo tenía más fácil que rambito, que debía salir detrás; o del team leader, que debía cerrar la puerta delantera antes de poder dirigirse a la zona frontal. Pero el RPG estaba en el sector de Rossi, si era visible él lo tumbaría.

- ¡¡¡¡¡¡¡GRANADAS!!!!!!!!– Gritó Rossi

Se escuchó por encima de la granizada dos o tres golpes secos contra el lateral del vehículo abatido. Un par de segundos después estallaron dos granadas con una leve desincronización. La cuneta y el vehículo minimizaron los efectos fuera del ruido ensordecedor.

- ¡¡¡¡¡¡No se abre!!!!!!! – Comunicó Rambito

Girando pudo comprobar que tanto pelón como Rick no se movían, o el blindaje ya había fallado o en el mejor de los casos estaban en shock por la explosión y colisión.

- ¡¡¡¡¡¡¡JOD...!!!!!– Le salió del alma - ¡¡¡¡BOXER!!!! ¡¡¡¡¡BOXER!!!!! ¡¡¡¡JOD... BOXER!!!!!! ¡¡¡¡¡DESPIERTA PANAMEÑO DE MIERDA!!!!!!!

Ya sea porque se estaba recuperando o por las voces en el oído por “pinganillo” de la radio, la cuestión es que dio un salto en el asiento. Miró al frente parpadeando, al lateral desorientado, y por último atrás, a los “paquetes”. Volvió a mirar el costado, a la puerta exactamente, buscando el desbloqueo de las mismas. Incluso por encima de los impactos se pudo oír cómo se destrababan las puertas.

Rick ya estaba pasando entre ambos asientos a la parte trasera del vehículo, con los paquetes, teniendo en cuenta sus años y volumen, más lo que estaba viviendo, tenía mérito hacerlo con esa rapidez. Pelón también parecía empezar a reaccionar.

Hora de volver a cubrir el sector.

- ¡¡¡¡¡¡COHETE!!!!!!!!!– Con esa voz Rossi debía haberse dedicado a la ópera.

Falló, seguramente por el fuego de Rossi, paso volando por encima de ambos vehículos, impactando un centenar de metros monte abajo.

- ¡¡¡¡Dime que lo tienes localizado!!!!!!! – mientras seguía disparando desde su lado.

- Lo tengo… lo tengo…. ¡¡¡¡ hijo de p…..!!!!!! ¡¡¡Eliminado!!!

- ¡¡¡¡Procura que no recuperen el lanzagranadas!!!!!!!!!!!!!

- ¡¡¡Señor, si señor!!!!!! – El humor no falta … cuando ocurra… mala cosa…

Es increíble cómo se estira el tiempo en una situación así, la cantidad de cosas que se pueden hacer, ver, sentir y decir en tan pocos segundos. Rick, sangrando por la nariz y varios cortes menores, y rambito ya habían sacado a las dos mujeres, el hombre era más pesado y estaba inconsciente, pero pelón ya estaba ayudando con el investigador.

Todo eso interpretado en el tiempo de cambiar un cargador… los psicólogos se pondrían las botas con estas cosas.

- ¡¡¡¡November!!!! Necesito apoyo para salir. ¡¡¡¡Me recibes!!!!

- Copy…- Un acento fuerte tras un jadeo.

- Espere mi señal.

- Copy… - Más jadeos ¿Habrán bajado del vehículo?

En ese momento el claxon de la Toyota empezó a sonar de forma intermitente y firme, hora de salir, ya estaban todos los paquetes y acompañantes dentro.

- ROSSSSSIIIIIIIII!!!!!!!!!!!!!

Vaciaron el resto de su cargador en una última secuencia semiautomática rápida, para ganar uno o dos segundos mientras giraban y embarcaban….

En ese momento sonaron dos armas, M4 sin duda, desde el flanco derecho de la emboscada, lo que hizo que el fuego de esta se redujera a cero, sin duda agacharse, cagarse encima y disparar con más o menos puntería no es algo que se pueda hacer simultáneamente. No. El apoyo del equipo de avanzada había sido sincronizado a la perfección.

- ¡¡¡¡AHORA!!!!! ¡¡¡SAL!!!!

No hacían falta tantas voces, la Prado salió dando un salto que los clavó en sus respectivos asientos. Aunque sin duda los ocho que iban metidos detrás, junto con chalecos, armas y demás impedimentas, fueron los peor parados.

Es increíble lo que pueden apretarse ocho personas si hay voluntad para ello.

- Como estamos??? Comprobad que no estéis heridos!!!

- Sin Novedad – Rossi, mientras empujaba a Rambito hacia la parte del maletero para hacer sitio a los paquetes, y donde ya estaba el investigador.

- Estoy bien – Rambito.

- Chequea al investigador rambito… ¿Boxer?

- Chequeando a los “paquetes”… uno bien… … … dos bien….

- Tres bien. – Terminó Rossi

- El investigador bien. – Informó rambito con una voz asombrosamente tranquila.

- ¿Y vosotros, Rossi, Boxer?

- Bien…un poco más guapo con la nariz así.

- Tu nunca has sido guapo…. No jodas con eso.

- Eso se lo dices a Amy.

- O le compro gafas…

En ese momento sonó por la radio la voz jadeante por el esfuerzo, y quizás las emociones, de Bonani…

- November 1 saliendo de zona, te sigo Bravo 2. -

- Todo ok???

- Ta…Todo ok.

Hay que acomodarse.

- Rossi, pasa al maletero y cubre a las 6 con Pelón. Poned a la señora a vuestra espalda con el investigador.

- Ooookkkkeeeyyy– Mientras se retorcía entre todos los cuerpos y el equipo.

- Rick tu al lado izquierdo, deja al señor en el centro con la niña en sus rodillas. Rambito tu al lado derecho.

- No podías hacerlo más difícil……- Rick

- Podría, pero no quiero ser muy malo con un viejito como tu.

- Fuck you!!! - Medio gruñó medio verbalizó mientras se retorcía.

- Yo también te quiero - Mirando al chofer -¿cómo vas?

- Bien…mejor de lo que creía.

- Ahora a ver si no nos estrellamos después de esto.

- No creo.

Bueno, ya veía la Rav detrás… si podían salir rápido no creía que tuvieran más problemas… De todas formas habían
tenido suerte, una gran capacidad táctica y tranquilidad, pero sobre todo una suerte increíble.

- Abrid un poco las ventanas... más adelante nos redistribuiremos con la RAV.

- Pues si…

- Demasiado calor humano aquí dentro…

- Anda ya… con lo que te gusta rozarte…

El investigador y los paquetes miraban como si todos se hubieran vuelto locos… El humor es lo último que debe perderse, sirve de válvula de seguridad… pero claro… ¿Quién se lo explica?

Ahora a pensar cómo hacer el informe… va a ser divertido… si, muuuuy divertido.

Nivel de riesgo medio a bajo….Cojonudos los expertos…. Cojonudos… ¡¡¡jod..!!!

¡¡¡¡¡Que mal huele aquí dentro redios!!!!!

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