LA VOZ DE GALICIA
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Condenan a prisión a un joven que intentó atropellar a un policía local
El malpicán Óscar Veiga circulaba a gran velocidad y en sentido contrario por el centro de Carballo
Óscar Veiga Rojo tardará en olvidar la noche del 20 de noviembre del 2004. Tardará en borrarla de su memoria porque la historia que protagonizó aquella madrugada le ha costado una pena de seis meses de prisión por conducción temeraria y otros tres años de cárcel por un delito de atentado. Además, deberá indemnizar al Concello de Carballo (367,72 euros) por los desperfectos que causó a un coche de la Policía Local.
El camino a la cárcel de este joven de 28 años, natural de Malpica y domiciliado en Artes (Carballo), comenzó a las tres de la madrugada de ese 20 de noviembre. Fue localizado, dice la sentencia del juzgado de lo penal número 4 de A Coruña, conduciendo un Opel Vectra, propiedad de su esposa, «por la calle Perú en dirección a la rotonda de la avenida da Ponte da Pedra». Asegura el texto que Óscar Veiga manejaba un vehículo que carecía de seguro obligatorio de responsabilidad civil (la póliza había caducado un mes antes de los hechos), estaba bajo los efectos de «la ingesta de bebidas alcohólicas» y, además, conducía «a gran velocidad, pese a que la vía estaba concurrida con gran número de peatones, dado que la zona es lugar de esparcimiento juvenil». Se daba la circunstancia, además, que la aventura de Óscar Veiga ocurrió en la madrugada de un viernes a un sábado, noche de marcha en Carballo.
Dice la sentencia que al llegar a la rotonda da Ponte da Pedra el ahora condenado hizo un trompo «haciendo patinar las ruedas traseras» y cambió de dirección, regresando sobre sus pasos por la calle Perú». Al ver un vehículo de la Policía Local, continúa, Veiga Rojo decidió frenar bruscamente «para iniciar una maniobra de marcha atrás y un cambio brusco de dirección». El plan, sin embargo, no le salió del todo bien y como consecuencia colisionó contra dos vehículos que estaban estacionados, un Audi A4 y un Renault Megane, cuyos propietarios, sin embargo, no presentaron reclamación alguna por los daños causados.
Alto en la calle Perú
Al comprobar las maniobras que el joven malpicán estaba realizando, los agentes de la Policía Local de Carballo le dieron el alto. Uno de los policías se bajó del coche y el otro colocó el vehículo en la calzada para evitar la fuga del conductor temerario. Óscar Veiga, sin embargo, hizo caso omiso a las órdenes y siguió hacia delante, lo que provocó que chocase contra la patrulla carballesa.
Según la sentencia, tras el impacto, el joven realizó maniobras para escapar del lugar y para lograrlo, «y con el fin de no ser detenido, trató de atropellar al algente de la Policía Local, quien para evitar ser alcanzado tuvo que hacer un gesto de esquiva tan violento que llegó a impactar contra el coche del acusado, rompiéndole una ventanilla».
Pero ni siquiera ese golpe consiguió frenar a Veiga Rojo, que siguió su marcha a gran velocidad por la calle Perú, «montándose sobre la acera» y tomó la rotonda en dirección prohibida para seguir su marcha hacia la carretera Carballo-Malpica, donde se dedicó a adelantar «de manera extremadamente peligrosa» a todo cuanto vehículo se encontró por delante, «con grave riesgo de colisión con los demás usuarios de la vía». Su carrera de fuga le llevó hasta la localidad carballesa de Cances, «siguiendo por otras carreteras y pistas de monte», donde, por fin, fue interceptado por agentes de la Guardia Civil.
Embriaguez
Cuando los guardias civiles lograron que saliese del coche comprobaron que Óscar Veiga «presentaba claros síntomas de embriaguez». Y por si queda alguna duda, lo detallan: «Olor a alcohol en el aliento, ojos brillantes, rostro congestionado, mala pronunciación y deambulación inestable manteniendo el equilibrio con dificultad». La situación estaba clara, pero los agentes siguieron las normas establecidas y le realizaron las pruebas de alcoholemia. El resultado de la primera medición, realizada poco después de las dos de la mañana, dos horas después del comienzo de la fuga, arrojó una tasa de 0,6 miligramos por litro, 2,4 veces más de lo permitido por ley. Diez minutos después, le repitieron la prueba y el resultado fue de 0,58 miligramos por litro.
A la vista de los hechos, el juez dictó una pena de seis meses de prisión por conducción temeraria, además de la retirada del carné de conducir por un período de tres años. La sentencia incluye también una pena de tres años por el delito de atentado.
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